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Parece existir una clara relación entre el uso de tintes para el cabello y la aparición de reacciones alérgicas que se pueden manifestar como dermatitis facial hasta grave hinchazón en los casos más severos. Cada vez más gente se tiñe el pelo, por lo cual este tipo de afectación está en aumento. Los tintes capilares se pueden clasificar, principalmente, en tres categorías, dependiendo de su composición, forma de uso y tiempo que el color resiste al desgaste ocasionado por el lavado.
1. Permanentes. Se mantienen por periodos prolongados, cubren las canas y permiten aclarar u oscurecer el tono de la cabellera; se caracterizan por contener amonio y peróxido, entre otros químicos.
2. Temporales. Desaparecen tras varios lavados con shampoo, sólo aclaran u oscurecen hasta dos tonos y proporcionan brillo, pero no cubren las canas; son a base de agua.
3. Fantasía. Son tintes que, previa decoloración, aportan al cabello tonos llamativos, por ejemplo, azul, rojo, naranja, verde, amarillo, morado o plateado; suelen deslavarse después de tres semanas.
Decoloración
Algunas mujeres en el afán de conseguir diferentes tonalidades de rubio decoloran su cabello mediante métodos caseros sin poseer los conocimientos adecuados e ignorando el instructivo del producto, por lo que cada vez que recurren a este método aplican la fórmula en toda la cabellera. Para devolverle la vitalidad al cabello decolorado en exceso pueden ponerse en práctica las siguientes recomendaciones:
• Solicitar al estilista un corte que elimine las puntas maltratadas.
• Aplicar mascarillas, cremas y ampolletas humectantes e hidratantes una vez a la semana.
• Prescindir de secadora, tenazas, cepillos y tubos eléctricos.
• Evitar contacto con agua clorada o salada mientras la melena se reestructura.
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